Por estos días suena mucho el casi inminente default Argentino, dada la sentencia del juez Griesa que obliga pagar a los fondos buitre una suma de U$1.300 millones; dicho pago obligaría al país a incumplir las obligaciones pactadas con los acreedores que se acogieron a las reestructuraciones de 2005 y 2010.
Si de buscar culpables se trata, ambas partes tienen sus argumentos; en primer lugar es evidente que argentina no ha logrado consolidar un marco fiscal coherente con su realidad económica y esto se ha visto reflejado en la marginación de los mercados internacionales y un estancamiento económico donde el país no presenta crecimiento alguno, mientras que economías como Chile, Colombia y México, crecen a una tasa promedio del 4.6%.
Por otro lado también podríamos catalogar a los fondos buitre como sanguinarios especuladores que solo buscan generar utilidades exorbitantes sin aportar nada a la sociedad; ¿acaso desconocían el riesgo al que se exponían al adquirir deuda soberana Argentina? ¿Por qué sólo tienen que perder los pequeños inversionistas y aquellos que se acogieron a las reestructuraciones anteriores?
La decisión de Griesa sienta un mal precedente para futuras reestructuraciones; debido a que ningún inversionista en sus cinco sentidos querrá acogerse a un plan similar cuando sea muy posible lograr un pago completo en los tribunales. En estos momentos Argentina prepara su apelación; sin embargo sus opciones son limitadas y todo indica que el país continuará estancado, a no ser que se le dé un giro total al manejo político y económico de este gran barco que se hunde, llamado Argentina.
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