La noticia no pasó desapercibida para una gran cantidad de analistas a nivel global, tanto económicos como geopolíticos: USA puede convertirse en exportador neto de petróleo en 2035, y en exportador neto de gas natural en 2020.
De acuerdo con la Agencia Internacional de Energía (IEA), en el último “World Energy Outlook”, los cambios que se vienen dando en las industrias energéticas y en la eficiencia del uso, entre otros factores, permitirán este hecho.
Esto tiene implicaciones importantes, pues de llegarse a concretar, USA dependerá menos del petróleo de Medio Oriente (el cual, según la IEA, será destinado en el 90% al Asia) y podrá abastecerse directamente. Así, el balance global cambiaría dramáticamente, pues la primera economía del planeta podrá mantenerse en ese nivel gracias a sus recursos energéticos. A China no le va mal tampoco, pero los grandes perdedores de este juego global serían Japón y Europa, que no cuentan con petróleo propio.
Aunque el mundo ha hecho esfuerzos significativos para buscar sustitutos del petróleo, lo cierto es que parece muy difícil que en los próximos 20 años se logre masificar la tecnología de producción no basada en combustibles fósiles. Con este escenario, la IEA estima un precio del crudo en 215 dólares por barril en 2035, y un consumo cercano a los 100 millones de barriles diarios (actualmente en 80 millones de barriles). Así las cosas, de cumplirse esta predicción, entramos en una era diferente del juego petrolero, llevándonos a replantear muchos de los supuestos que se trazaban hasta ahora.
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