La racionalidad de los mercados ha sido revelada como un mito con base en el cual se construyen espejismos muy costosos.
La corriente de pensamiento que gobierna los mercados accionarios del mundo asume que no hay inversionistas que pueden manipular el mercado, que todos los inversionistas son racionales, están perfectamente informados y que los precios de mercado siempre son correctos. La historia reciente de los mercados financieros demuestra lo contrario y aún así el funcionamiento de estos (construcción y regulación incluida) se fundamenta en dichas suposiciones. Es como si los ingenieros ignoraran la fricción a la hora de construir un motor.
Anomalías incorregibles como la inercia en los precios, están relacionadas con la irracionalidad de escoger como administrador de sus activos al "personaje del momento" es decir al administrador que recientemente observó los mejores resultados. Al atraer más fondos hacia su estrategia, inflama (temporalmente) el valor de sus inversiones más allá de los valores razonables al tiempo que atrae más inversionistas.
En una crisis, este espejismo se desmorona y la salida de recursos requiere liquidaciones y presiona a la baja en los precios, atrapando más inversionistas entre más grande es el Fondo. La alquimia de las finanzas, entonces está en tener la capacidad de identificar los mejores gestores de acciones en su etapa de lanzamiento y diversificar el portafolio al alcanzar su sumit. Casi tan fácil como predecir el futuro. Diversificar el portafolio desde el comienzo es más práctico y rentable en el largo plazo.
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