Hace unos días apareció en un diario financiero a nivel internacional, un artículo muy interesante sobre la competitividad de China. Básicamente el artículo relataba los problemas que podían enfrentar las empresas exportadoras de China, si el dólar norteamericano llegara a niveles de 5.8 frente al RenMinBi (RMB) chino, que es el punto de quiebre de muchas empresas de ese país. En la actualidad, el dólar se cotiza alrededor de 6.25 RMB, pero la apreciación ha sido relativamente fuerte en los últimos años.
El tema de las empresas de China es el siguiente: se enfrentan a una moneda más fuerte, con unos costos crecientes y un crédito que muchas veces no les está llegando adecuadamente. Así, no es sólo la competitividad vía cambiaria, también es un tema de que los salarios, especialmente el de un trabajador raso, ha subido cerca del 40% en los últimos años. A esto se le debe adicionar un costo de energía creciente, por lo cual los márgenes de muchas empresas en China, particularmente las pequeñas y medianas, se viene estrechando.
La competencia en Asia tampoco es fácil, pues países que entraron con un modelo económico similar al chino, pero tiempo después; tienen regímenes cambiarios mucho más apretados. Este es el caso de Vietnam, donde el Dong permanece totalmente devaluado, ayudando a la competitividad de dicho país. Casos similares ocurren en otros países como Camboya, Laos y Bangladesh, donde las noticias recientes mostraron las condiciones infrahumanas de muchos trabajadores que murieron por un incendio en su fábrica, sin contar si quiera con los mínimos estándares de seguridad social.
Estos hechos han tenido un impacto reciente en la forma como el mundo se expone a China. Muchas fábricas norteamericanas también han visto que producir en la frontera con México puede ser más rentable, puesto que el costo de transporte y los impuestos de importación (variables que se deben sumar a todo este cálculo) incrementa el precio final de venta en Estados Unidos, por encima del costo de producir mucho más cerca de territorio propio. Esto debería seguir una evolución normal, puesto que uno de los escenarios más probables es que el transporte siga encareciéndose, porque finalmente (a menos de que algo cambie radicalmente) el combustible puede seguir subiendo a largo plazo.
Si a este análisis le agregamos todo el tema demográfico, parece muy claro que China es un país que está perdiendo atractivo como productor puro. Eso lo deben saber las propias autoridades chinas, que han enfocado esfuerzos en lograr un consumo interno más dinámico y una orientación a servicios y a crear valor agregado sobre muchos productos.
Si bien China seguirá siendo el mayor productor de bienes a nivel internacional, cada vez es más probable que veamos en las etiquetas de muchos productos un “Made in Vietnam” o “Made in Indonesia”, entre otros. Vaya y revise dónde fueron producidos sus zapatos tenis para que me crea.
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